DE PROFESIÓN, ANIMADOR DE BALCÓN

No sé de quien es la frase “El mundo está lleno de idiotas distribuidos estratégicamente para que te encuentres al menos, uno al día”.

Ahora no hay comunidad de vecinos que no tenga un animador/idiota de balcón.

Del aplauso respetuoso de agradecimiento a todos aquellos que se están dejando la piel en el frente del COVID 19, hemos pasado a una especie de verbera balconera que durante 20 minutos, en el caso de mi comunidad, tortura al resto de los vecinos con lo más granado de la lista de Spotify “España cañí”. Cerrando los ojos, uno no adivinaría si están viviendo confinado en una pandemia mundial o en las fiestas del pueblo más rural de España.

El “Resistiré”, una canción con una letra bellísima que se había convertido en un himno que alentaba a las tropas encerradas en sus casas, ha pasado a ser una pesadilla que retumba en nuestras casas gracias al que el idiota de balcón convierte la comunidad de vecinos en una especie de Guantánamo del que no puedes escapar. Se escucha la música en 3 manzanas a la redonda. Imagínense en el edificio en el que habita este personaje.

Por favor, que en la desescalada, los animadores de balcón sean los primeros en salir a la calle. Que encuentren trabajo animando un crucero o un hotel en Benidorm o de pinchadiscos en los coches de choque.

Desde aquí propongo que retomemos el aplauso de respeto a todos aquellos que se juegan la vida por nosotros, y que hagamos que sea también un homenaje por las más de 20.000 personas que se han ido. Porque esta cifra se hace de nombres y apellidos, de madres, padres, hijos, abuelos… de familias que tienen una herida abierta y muy reciente.

Que el aplauso de las 20.00 h se convierta en un vernos las caras, en sentir que estamos juntos en esto. Y que los payasos de balcón comiencen a entender que dentro de las casas hay enfermos, personas que han perdido un familiar o médicos, enfermeras, policías, etc. que deben poder disfrutar del reposo de guerrero.

Ha nacido una tipología nueva de tonto, el de balcón que esperemos que se extinga con el fin del confinamiento. Y recordad, no hay tonto sin palmeros. El animador social terracero es a la sociedad lo que el pobre tipo del acordeón que va de mesa en mesa por las terrazas, que la gente le da algo de dinero para que se vaya cuanto antes para poder seguir hablando.

Aplausos si, las verbenas para agosto.

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